jueves, 6 de noviembre de 2014

"El muelle" un relato de Alejandro G. Gaitán


De entre mis pasiones se encuentra la de coger un texto, dejarme llevar por lo que me hace sentir y locutarlo. Lo puedo hacer bien, lo puedo hacer mal, puedo transmitir sentimientos... puedo emocionarme. Me encanta. Sien placer.
Hacía bastante tiempo que no me dejaba embaucar por un texto y este proyecto lo tenía aparcado desde hacía meses. A veces, sin venir a cuento, sientes que es el momento de hacer algo y aquella tarde que me puse delante del micro, ocurrió.
Normalmente busco una música que encaje con el texto, me la pongo de fondo y me acompaña y abraza mientras viajo entre las letras, mientras doy forma a las palabras. Con este texto fue diferente, ningún hilo musical me pautó, simplemente nadé entre los párrafos en silencio. 
Cuando fui a montar el audio con la voz ya grabada, abrí la carpeta de músicas que tengo del increíble señor Kevin MacLeod y entre la amplia lista una canción en concreto resaltó entre la multitud con un imaginario guiño de ojos. Sin pensar la arrastré hasta el Sony Vegas y ¡uépale! Encajó. 
La magia es algo místico que muchos se encabezonan en remarcar que no existe. Puede que lleven razón, pero para mí aquella tarde algo mágico sucedió. 
Espero que el texto y/o la locución os inspire algún sentimiento.



El muelle
(un relato de Alejandro G. Gaitán)


La luna se levantaba sobre mi nuca, mientras su reflejo iluminaba mis mejillas demacradas. Engalanado con ropajes viejos y secos, arrastraba mis delgaduchas piernas por el fuerte crujir de la madera, estropeada por el sol y la multitud de olas que la asolaban noche y día. Me senté en el borde de aquel frágil muelle, como cada viernes cuando anochecía, y sumergí mis mugrientos pies sobre el agua cristalina. Rápidamente se fueron aclarando, hasta reconocer mi clara piel sobre tanta suciedad.
Una vez relajado, seguí el ritual, deposité el hatillo y lo desplegué hasta poder sacar una rojiza manzana de él. La froté con mi débil muñeca, y saboreé un gran bocado, el primero en días. Ya solo quedaba esperar. La ilusión que allanaba tiempo atrás iba en decrecimiento, pero mi fe me mantenía cuerdo en aquella situación.
Tantas semanas pasaron que era imposible recordar desde cuando estaba allí, cuando fue la última vez que su celeste mirada se encontró con la mía, hasta llegar a lo más profundo del alma. Sin duda, me hizo perder la razón y la cordura, pero es difícil escuchar a la sensatez, cuando el corazón empieza a carburar siguiendo la más agradable de las melodías.
Según la sabiduría popular de mi nuevo hogar ese sentimiento me había llevado hasta allí, un lugar que no tenía que haber conocido aún. Los ojos se me vendaron, y sin visión alguna, el camino recto fue el más factible. Sus indicaciones, sus deseos, sus palabras, sus susurros; eran los que me conducían por él. Mis días más felices llegaron a su lado, y toda la desdicha se convirtió en dicha.
Repetiría, una y otra vez, lo ocurrido el último día que viví con ella. Nunca me he arrepentido de lo qué hice, ni el cómo. En mis ojos se clavaron su figura antes de cerrarse. Y ahora, cada vez que los cierro, su imagen decora mi ser y alimenta la felicidad que algún día conocí, y que jamás podré olvidar. Poco pueden decir los sabios para hacerme creer que aquello fue mi condena.
Mi espera de la noche estaba llegando al fin, una blanca paloma se acercó y se posó sobre mi hombro. Giré el cuello lentamente para poder vislumbrarla y le di, con toda generosidad, el último trozo de manzana que me quedaba. Volví mi cabeza al frente y conseguí ver a la barca que se acercaba al muelle colindante, con movimientos serpenteantes.
Mi cara se transformó en la de un búho, y analicé a cada una de las personas que bajaban de la vieja embarcación. Todos de un blanco impoluto, giraban y giraban como una simple peonza, para poder abarcar toda visión posible de lo que en ese momento, con casi total seguridad, estarían pensando que era un sueño.
Tras contemplar el desfile nocturno, que se iluminaba por los candiles que había a lo largo del muelle, bajé la cabeza tras, una vez más, no encontrar lo que buscaba. Me levanté, a la vez que limpiaba tímidamente el polvo que se amontó en mi pantalón, y proseguí mi camino de vuelta.
La blanca paloma voló por delante mía, y se incorporó a la fiesta que empezaba al otro lado. Tras su vuelo mi mente en negro se quedó. No sabía cuánto tiempo mi fe me mantendría en aquel muelle cada viernes al anochecer. Quizás los sabios tenían razón, ella ya embarcó en otro lugar y nunca volveré a sentirla bajo mis brazos. Pero una vez, con los ojos cerrados, con la total oscuridad, solo me queda el corazón, y él no se detendrá hasta que mi camino vuelva a ser iluminado por su celeste mirada.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Joystick

Joystick

(un capítulo de la novela Guarda Tus Besos de María Cebrián)

Diez de la noche. Aburrimiento máximo. Panza llena. Postura inmejorable en el sofá. Móvil en mano. Ganas de estudiar: cero. Ganas de follar: siete. Padre sentado al lado. ¡MEC! Ni mimar el clítoris puedo. Bueno, siendo quisquillosa, podría hacerlo en mi cama, en Rockland, pero saciar el calentón en el sofá del salón es tan sugerente… El inconveniente está a mi derecha. ¿Qué pensaría mi padre? ¿Qué haría? ¿Qué diría? Estoy muy tentada de hacer la prueba, sobre todo por ver la reacción en su jeta. De hecho hasta me atrevo. Pues sí, ¡qué coño! Bajo la mirada a mi mano libre que descansa en el muslo cerca de mi entrepierna y llevo los dedos lentamente al monte de Venus (me gusta llamarlo coño, pero no quiero sonar grosera). El atrevimiento me altera la respiración y me muerdo el labio inferior de emoción. No sé qué daño cerebral sufro en aquel instante, pero la cara de cierto angelito se cruza por mi mente (ganas de follar: nueve) y un suspiro quejumbroso se escapa por mi boca.
—¿En quién piensas, suspiros de España? —pregunta mi padre, quien ha pausado su partida de “The Last of Us” y acaba de mirarme a la cara. ¡A la cara de perra cachonda que tengo!
—¿En quién? —cuestiono a un volumen excesivo mientras me incorporo para disimular—. En nadie papá, sólo pienso en el examen de matemáticas de mañana.
—No te pongas a la defensiva con papi, chiquitina mía —suelta juguetón y guiña un ojo.
Su semblante hijoputil me recuerda al jorobado de Notre Dame, sobre todo después de imaginármelo tras recibir una somanta de puñetazos verbales acabados en “para ti papi, firmado: tu chiquitina” en la cara.
—¿Chiquitina mía? —pregunto con tono de querer suicidarme inmediatamente—. Si no fueras mi padre y te tuviera respeto te mandaría a tomar por donde amargan los pepinos.
—La simpatía encerrada en un cuerpecito de mujer. No te entretengo más —palmea mi muslo—. Vuelvo a la partida. Sigue tocándote.
Decido callar y mirar con generoso desprecio el cuerpo unido a la polla de la que salió el espermatozoide que dio comienzo a mi vida junto al tierno y maduro óvulo de mi madre. Tengo muy entrenado ese contacto visual. “The eye of the tiger” le llaman los anglosajones. Mi padre sonríe y después rompe a reír. Contraigo el gesto y aprieto la mandíbula, no puedo reírme, no ahora. Como si fuera la mala de la película agacho la cabeza y endurezco la mirada sin pestañear. Incluso adorno la escena con un feroz gruñido sacado desde el fondo de mi garganta.
Tres segundos después mi padre ha retomado la partida e ignora mi absurda escenita. Sonrío y me estiro de nuevo en el sofá con la libido neutralizada. Momento para recordar y que contar a los nietos: “Cómo vuestro bisabuelo pilló a la abuela tocándose el chichi mientras pensaba en vuestro abue…” ¡ESPERA! ¡QUIETO AHÍ, CEREBRO! ¡BORRA! ¡BORRAAAAAAAA!
Quiero olvidar eso, ¡ESO con ESE! Desvío la vista a la pantalla de la tele. ¡Necesito distracciones! ¡Videojuegos! ¡Sí! ¡SÍ! Nunca he sentido deseos de jugar a ninguno y eso que tengo acceso a miles de títulos. Mi padre es un friki de cuidado, y no de ahora, de siempre. Antes de heredar la dirección del hotel, allá por la época en la que no estaba ni pensada, mi padre aspiraba a vender un videojuego que había desarrollado con otros dos amigos. No es que tomar las riendas del hotel le impidiera seguir con aquel sueño, pero mi madre se irguió como gran protagonista de la trama principal de la vida de mi padre y puede que mi llegada poco después también sumara puntos de recompensa. Él era la amalgama que mantenía unido el trío de desarrolladores y sin él el asunto se fue de madre. La mente femenina del proyecto, la espectacular pelirroja SuperBárbara, se encontró  más a gusto comiendo una gustosa chirla entre las piernas de Jennifer Vera, famosa actriz y madre de Chloe y Leo, que programando el puñetero videojuego que les tenía que hacer muchimillonarios; y el tercero en discordia continuó su friki vida de gay reprimido en los Estados Unidos, allí de donde era.
—¿De qué va esa mierda de juego? —pregunto con mucho interés (ironic mode: OFF).
Mi padre ni se inmuta, con la mirada puesta en la pantalla, pulsa los botoncitos del mando. ¡Qué hábil es con las manos! Ahora entiendo porque mi madre es tan feliz. Qué dominio de los pulgares. Sigue sin responder. No contesta, en ese momento está dando para el pelo a una panda de tipos armados con escopetas. La conversación que mantienen es de lo más enriquecedora.
—Es un… survival… horror… —va contando mientras lanza hachazos a diestro y siniestro—. Básicamente… acción y… aventura…
—Ajá —confirmo que he entendido el mensaje. Traducción: ni puta idea.
—Los personajes me chiflan —respira aliviado al dejar el suelo virtual repletito de cuerpos sangrientos—. Ellie me recuerda a ti y… ¿no le tengo un parecido razonable a Joel?
Observo la imagen y me fijo en el hombre que se encuentra parado en mitad de un salón de una casa abandonada. Tiene unos cuarenta y pico años, lleva el pelo corto y look desenfadado, barba de tres días, mirada profunda… atractivo en definitiva. Y sí, podría decirse que encaja perfectamente en la descripción de mi padre.
—¡Más quisiera ese! Tú eres mucho más guapo —sincero sonriente.
—¿Ah, sí? —pregunta ilusionado porque le haya dedicado lindas palabras.
—Ajá. De hecho sería extraño decir que mis bragas se carbonizan al verle dado el parecido que tienes con él.
—Manojo de hormonas revolucionadas.
Mi móvil suena, es un WhatsApp de Eric.
“(icono de ballena) lee este artículo, te hace falta. http://codigonuevo.com/cosas-que-las-mujeres-nos-haceis-en-la-cama-y-no-nos-pone-nada”.
Mi sed de curiosidad se apodera de mis dedos y clico en el enlace. El navegador se despliega con rapidez y carga la página a velocidad ultrasónica (maravilloso WIFI). “Cosas que las mujeres hacéis en la cama y no nos ponen nada” un artículo de Adrian Green. El título promete. Leo. Sonrío. Leo. Mastico una risa. Leo. Llego a “Nuestro pene no es un joystick”. Suspiro ante tanta tontería leída y enfilo el siguiente párrafo. Adrian dice: “Está claro que nadie nace aprendido y que, al igual que las mujeres, nadie nos va a tocar tan bien como nosotros mismos, pero las mujeres no tienen ni p*** idea de hacer una paja y ya de comérnosla ni hablemos”. Y es leer eso y descojonarme. ¡Puto Eric! Decido detener la lectura en ese punto y, siendo una total irresponsable, llamo a mi amigo.
—¿Quieres que implosione mi cerebro por la entrada de tanta sandez?
Eric no contesta, rompe a reír. Mi padre desvía la mirada un segundo, pero enseguida sigue dando hachazos con el buenorro de Joel.
—Me resulta muy gracioso que el capullo este diga que las mujeres no sabemos hacer una paja si la compara con la que puede hacerse él mismo, pero, ¿con qué compara las mamadas? ¿Él mismo se la chupa? O mejor, ¿un tío se la ha chupado? ¡Gaaaaaaaaay!
—¡Gaaaaaaaay! —repite Eric despollado—. ¡Cómo me gusta escucharte palabras sucias, mi niña!
—Príncipe Eric, con lo tranquila y relajada que estaba siendo mi noche.
—Sólo le di un punto picante, mi amor. ¿Pero sabes? Ese tío no tiene ni idea, tú nunca has hecho nada de lo que dice ahí. Haces unas pajas de morirse y la comes como una diosa.
No fui consciente del volumen del auricular del teléfono hasta que mi padre se giró a cámara lenta y me miró con el ceño fruncido. Al final el experimento de tocarme había quedado en una nimiedad, ¡esto era mucho mejor!
—Eric, te invito mañana a desayunar en casa, mi padre quiere decirte unas cuantas cosas.
—¿Qué me quiere decir tu padre? —cuestiona interesado.
—No sé, tú vente, será divertido.
—Como aparezca por casa le corto lo que... le comes como una diosa —suelta mi padre claramente molesto y con dificultad, sobre todo la última parte.
—Espera… —susurra Eric—. ¿Me ha escuchado?
—Alto y claro, me temo.
Ambos nos descojonamos. Tras tres minutos de risas, cuelgo. La cara de mi padre es un poema. Sonrío para quitarle cariz al asunto y me inclino para besarle en la mejilla.
—Al final tenemos algo en común, papá. A los dos nos gusta jugar con joysticks.

domingo, 25 de mayo de 2014

"Mi salida" un relato de María Cebrián

Mi salida
(un relato de María Cebrián)

Eran apenas las once y media de la mañana cuando salí del despacho en dirección a casa. Estaba agotada, cabreada y en un nada apacible “coitus interruptus” creativo. No tenía energías para enfrentarme a esas estupideces. Cerré la puerta del coche, cerré los ojos, cerré la boca, contraje la vagina y juré hacer lo posible para no sacar del bolso la mini navaja que me regaló mi padre y emprender la terapia de choque con el cojín preferido de Tony. No tenía humor ni para siquiera abrir los ojos, así que mucho menos para pillar el coche, sumergirme en las aguas turbulentas del mar bravío que suponían las calles de una ciudad como Valencia a esas laborables horas y conducir, volante en mano cual espada, luchando contra todos los espartanos que se jugaban la vida calzados en sus respectivos coches. Pero tenía y debía volver a casa porque el inútil de mi marido se había puesto nervioso al no conseguir darle la medicación a nuestra hija. 

—¡Te voy a matar, abominable! —grité encerrada en el coche mientras subía el volumen de la radio hasta que mis pensamientos fueron muteados. 

Una canción de ritmo latino con base musical similar a ♫pum, chimpum, chimpum♫ colapsó mi sistema auditivo cual tortura inquisitorial, pero me supo a gloria frente al monólogo blasfemo que se estaba redactando solo en la máquina de escribir que tenía alojada de serie en el cerebro. ¡Virgencita! ♫Oh, sí, nena, cuando tú y yo, estamos juntitos. Me miras, me tocas, me haces soñar. Te huelo, te pruebo y empiezo a volar♫. Aquella canción me daba como argumento para otra novela de amor, desamor, sexo y descontrol emocional. Vamos, de esas que se me daban mustiamente regular dar forma, pero que, ¡oye!, pagaban mis facturas. 

Nada más incorporarme a la circulación recibí un regalo auditivo. Tuve la suerte de encontrarme conectada a la emisora de radio con el peor conductor de radiofórmula de España, porque explícame en qué escuela de pincha discos enseñan a mezclar una canción de zumba, zumbera, para zumbar con un temazo orgásmico de rock. Aunque bueh... que no me vengo a quejar, la verdad, porque un tema de los Fall Out Boy era igual a una Carol más cachonda que una gata en celo. Estaba tan caliente como las canciones que saben lo que hacemos en la oscuridad, ¡enciéndeme! Y no es que me haya vuelto loca, es que la canción se llama así “My songs know what you did in the dark (light ‘em up)”. ¡Uf! ¡Si las canciones supieran! ¡Madre mía si supieran todo lo que me hace mi hombre! 

Inmersa en el orgasmo largo, rasgado e intenso de la canción, entré en la rotonda de los anzuelos y mis alertas de tiburón vial saltaron. A mi lado, un Polo negro acababa de tirárseme encima, quedando a un pelo de Barbie de rozar la chapa y pintura de mi bien preciado Cayenne. Desde mi asiento de visión soberbia, miré oblicuamente, con fiereza y ojos de ninja, al coche que acababa de jugársela con la menos indicada. En un suspiro insultante el Polo se colocó delante, invadiendo mi carril y mi trayectoria, y, por supuesto, mi ego y orgullo como conductora agresiva, pero competente. Aquel descarado lance me provocó una taquicardia y decidí sacar a pasear los caballos del Porsche. Sin dudar un segundo, abrí mi zurrón y saqué la zanahoria atada a un palo para colocarla a escasos centímetros de los ollares de mis animales. Una pulsión certera y rápida en el acelerador activó el motor de mi coche y con un volantazo, precedido de una rápida mirada al retrovisor, me dio la ventaja de adelantar, por la derecha y en plena rotonda, al Volkswagen. No exagero cuando aseguro que aquello humedeció mis braguitas de Peppa Pig (cosas de mi hija mayor, ¡lo juro!). 

Dos segundos después girábamos en paralelo y a toda pastilla la rotonda. Una mirada sesgada no me permitió descubrir la identidad de mi competidor y el mal genio tomó turno para instalarse en mi humor. La adrenalina del momento no me cegó y, sin dejar de intentar encontrar una cara a través de miradas furtivas, puse el intermitente y me desvié salvajemente hacia la derecha para tomar mi salida al más puro estilo Cameron Díaz en “La boda de mi mejor amigo”. Esa breve maniobra me despistó, porque cuando quise reconectar con el Polo, éste ya no estaba a mi vera, verita mía. Golpeé el volante con fuerza un par de veces y descuidé el acelerador, aminorando la velocidad.

No había terminado ahí la partida, el ángulo muerto me había jugado una mala pasada. De repente el Polo apareció a mi lado cual nave espacial teletransportándose. Mi corazón recobró el ritmo cardíaco de combate e hizo que las yemas de los dedos de mis manos hormiguearan. El Polo encendió el intermitente derecho y, sin darme tiempo a negarme al adelantamiento, viró en mi dirección colándose desde el carril de mi izquierda hasta el de mi derecha. ¡Una obra de arte! ¡Un movimiento maestro! Tuve ganas hasta de aplaudirle, puede incluso que llegaran a sonar palmas, obviamente no provenían de mis manos. 

El semáforo que teníamos enfrente cambio a rojo y ambos, con nuestra vanidad por las nubes (él más que yo), nos detuvimos. Entonces es cuando pude descubrir quién acababa de darme una lección magistral de conducción temeraria. Mis ojos se abrieron de par en par y mi mandíbula inferior se desencajó. 

—¿Pero qué coño? —emití entre balbuceos (por mi mandíbula desencallada). 

¡Y qué coño! ¡Era una mujer! ¡Una diosa! ¡Mi ídolo! 

Sin saber muy bien qué decirle entre palabras inaudibles y gestos, convine que lo mejor era elevar los pulgares en señal de buena jugada. Supongo que ella intuyó que alguien la estaba reclamando con movimientos de gilipollas, porque volvió la cabeza en mi dirección y me miró sorprendida por mi mensaje. No sé muy bien qué entendió, la cuestión es que se giró como una loca hacia el asiento del copiloto e inició una serie de espasmos enajenados que no me gustaron un pelo. Mi imaginación echó a volar cual mariposilla recién salida de la crisálida y un fogonazo proveniente de una pistola disparándose me iluminó los pensamientos. 

Diez segundos después la chica regresó la vista hacia mí y estampó contra la ventanilla mi libro Vuela Libre Corazón. No pude más que romper en carcajadas y, encogiendo los hombros con las palmas de las manos hacia el techo, reconocí que era la culpable de aquello. La muchacha llevaba mi novela en el bolso, ¡eso se merecía un monumento! 

El semáforo cambió a verde y los coches que esperaban tras nosotras iniciaron una comparsa con sonata de lo más desagradable. Con una sonrisa y un saludo con la mano, me despedí de la mujer y aceleré por la avenida Ausiás March dado que no había otra opción. La única salida era volver con aquel inútil y abominable marido que me esperaba en casa para solucionar lo que él no sabía atender, pero no había dolor, esa preciosa salida era lo único que me inspiraba para que cada día sacara de mi puñetera mente toda aquella serie de idioteces que volvía a locas al volante, como la del Polo, todavía más tarumbas si cabía.

domingo, 30 de marzo de 2014

"Un soldadito sin casco" un cuento de Liana Castello

No entiendo muy bien qué ha pasado con mi canal de YouTube de "Un Mundo de Relatos". La cuestión es que parece que se han repetido las denuncias de SPAM hacia la cuenta y Google ha decidido cerrar el canal sin darme espacio, ni oportunidad de réplica. Lo cierto es que hacía meses que no subía nada al canal, y jamás de los jamases he comentado nada desde aquella cuenta, ni enviado mensajes privados. La seguridad de la cuenta parece correcta y no se me ha notificado intento de hackeo, ni nada parecido, por lo que no sé qué narices ha pasado.

Recuerdo que algo similar ocurrió en mayo del año pasado y que por aquel entonces Google sí me dio la ocasión de explicarles la situación, que poco después aceptaron como correcta y me devolvieron el canal. La cuestión es que esta vez no ha sido así, y, de momento, el canal sigue cerrado.

Estoy cansada del "poder" que ejerce Google sobre los canales sin contar con nuestro consentimiento y he decidido no luchar más por el canal y centrarme en el que sigue vigente "MariaCebrianVLC". Aprovechando que el proyecto de canal personal sigue en alza y sigo con energías de mantenerlo, quiero recuperar algunos relatos que tenía en el canal de "Un Mundo de Relatos" y resubirlos.

El cuento de "Un soldadito sin casco" es un proyecto que realizamos para apoyar a las personas que luchan contra la leucemia y no quiero que se pierda en la nada, de modo que lo rescato.

Agradecer a Liana Castello y a EnCuentos.com la cesión del cuento para el audiocuento.
Agradecer a Paz Gómez de la Muñoza la ilustración del vídeo.
Agradecer a Bernabé Ginés la cabecera de UMDR.
Agradecer a José F. Castellano, Noelia de Luis, Carlos G. y Blanca G. su aportación vocal.

Gracias y espero que os guste.



miércoles, 26 de marzo de 2014

Una lágrima

Hace ya un tiempo, Miguel Ángel Font Bisier me propuso participar en su primer proyecto musical. Cuando me contó que era una fusión entre recitar poesía, locutar y/o acompañar la música con la voz dejándote llevar por el significado del texto, me pareció un reto muy interesante. Obviamente, acepté sin dudar, ese tipo de experiencias me apasionaban (y me siguen apasionando).
Lo grabamos en 2011 y ya casi no recordaba cómo había quedado, pero escucharlo ahora, con la música, la posproducción de audio y los efectos, me ha maravillado. Por supuesto que hay miles de detalles mejorables en mi locución, sin embargo estoy satisfecha porque Miguel Ángel quedó contento con el resultado, y si gusta al artista, me siento realizada.
Gracias Miguel Ángel por la oportunidad y ya sabes que puedes contar conmigo para tus proyectos futuros.
Espero que os guste y sed bienvenidos en criticar mi participación, cualquier corrección me ayuda a mejorar.


Miguel Ángel Font Bisier ©2013
Tema: "UNA LÁGRIMA" del disco de Miguel Ángel Font "Del olvido, la sonrisa".
Texto y música: Miguel Ángel Font Bisier
Arreglos y producción: Dannyels Valkfanien
Locución: María Cebrián

Miguel Ángel Font Bisier ©2013
Song: "UNA LÁGRIMA" from the CD Album "Del Olvido la Sonrisa" by Miguel Ángel Font Bisier.
Music: Miguel Ángel Font Bisier
Arrangements and production: Dannyels Valkfanien
Voice: María Cebrián
Language: Spanish
Year of Production: 2013
Length: 4:33
Country: Spain

martes, 25 de marzo de 2014

"París, mon amour" un relato de María Cebrián

París, mon amour
(un relato de María Cebrián)

La energía me inundó nada más contactar la suela de mis zapatos con los adoquines de aquella calle parisina. Las mañanas en París eran un cuento de hadas, un sueño cumplido, un día perfecto. Ningún problema que hubiera dejado atrás importaba. Ninguna persona que hubiera apartado de mi vida me hacía sentir arrepentida. En París, Chloe renacía. En París, era realmente yo.

Como cada mañana tomé asiento en la cafetería de la esquina de mi calle favorita. No tenía memorizado el nombre del local, pero no era algo que me quitara el sueño. Sabía dónde se encontraba. Sabía llegar hasta ella. Nada más tenía valor.

El garçon se acercó y me preguntó qué deseaba para desayunar. "Bonjour. Je voudrais un café au lait et un croissant. Merci", le solicité con una sonrisa. Mientras esperaba mi pedido, el móvil sonó.

Un mensaje del amor de mi vida acababa de llegarme. "¿Quién soy? Adivina, adivinanza", decía el mensaje. Sin darme tiempo a responder, otro mensaje aparecía ante mis ojos. "Te doy una pista, pelirrosa. Soy la persona a la que has abandonado sin dar explicación", rezaba la pantalla del teléfono. Me mordí el labio inferior y cuqué los ojos. No iba a caer en la trampa. "Sigo esperándote, por si quieres hablar. De hecho, sé que estás en París, mon amour. Siempre huyes a París", continuaba la recepción de mensajes. Suspiré, siempre me encontraba. "Sabes que odio París, el francés y los franceses. ¿Por qué me haces viajar hasta París para poder hablar contigo? ¿Tanto me odias?", el tono de los mensajes subía de intensidad. "Además, se te olvida que conozco tus obsesivas rutinas. ¡Sé dónde encontrarte! ¡No huyas! ¡Ten compasión de mí! ¡Soy tu peque! Y se me están congelando los dedos de escribir en este maldito cacharro en mitad de esta gélida calle de la odiosa París".

Mi vista dejó de centrarse en el teléfono y observé la calle a través del cristal. El frío había cubierto de vapor de agua el vidrio de la ventana. Con la palma de la mano, limpié el vaho, realizando círculos, hasta que tuve vía libre. Allí estaba. De pie. Frente a mí. Con el teléfono móvil en la mano. Con la nariz roja. Temblando de frío. Un nuevo pitido atrajo mi atención. "¿Te vas a dignar a salir de ese antro mugriento dónde sirven café asqueroso para darme un beso o me voy a lo alto de la Torre Alfilosa a suicidarme?", fue el último mensaje que recibí. Fuera, en la calle, el amor de mi vida ya no escribía en el teléfono, sólo me miraba con odio repleto de devoción.

Era famosa por mi orgullo rudo e inamovible, pero me levanté de la silla, y sin abrigo que me protegiera de las frías temperaturas del París al que amaba, salí a la calle y abracé y besé a mon amour hasta que el café que esperaba en mi mesa dejó de humear.

jueves, 27 de febrero de 2014

Cómo hacer una pizza casera

No he querido compartir la receta hasta no estar segura de que la masa salía bien, así que, tras dos pruebas, creo que es el momento de haceros partícipes de la fórmula mágica que uso para hacer mis pizzas (podéis fiaros de mi arte culinario :P)

Lo primero a tener en cuenta son los ingredientes, por lo que aquí os dejo la lista:
1 kg de harina
½ l de agua
½ bote de cerveza (150 ml)
1 cucharada sopera de azúcar
1 cucharada sopera de sal
1 cucharada sopera de aceite
1 cucharada sopera de mantequilla
Levadura de panadería como una nuez o dos sobres.

La preparación es muy sencilla:
Vertemos todos los ingredientes en un bol grande.
Mezclamos bien.
Trabajamos la masa hasta que no se pegue a los dedos.

La cantidad de masa que sale es abundante, tenemos para:
2 pizzas base gorda y rectangular, para 4 personas (tamaño de la bandeja del horno)
o 3 pizzas de base fina y rectangular, para 4 personas (tamaño de la bandeja del horno)

No tengo referencias de base redonda porque no he hecho ninguna, pero creo que sería aproximadamente el doble de lo anterior, por lo que haciendo un par de cálculos matemáticos nos quedaría:
4 pizzas de base gorda y redonda, para 2 personas
o 6 pizzas de base fina y redonda, para 2 personas

A la hora de extender la masa:
Colocar harina en una base en la que no se pegue la masa y, con la ayuda de un rodillo, extender la masa hasta alcanzar la forma deseada. Si la masa está pegajosa y es complicado trabajarla, basta con añadir harina por encima y seguir trabajándola.
Podemos trabajar sobre el mármol de nuestra encimera o sobre la bandeja del horno que tendremos cubierta con papel para hornear.

De qué os hagáis la pizza, os lo dejo a vuestra elección. Creo que la pizza es una de las comidas que cada cual puede configurarse al gusto. Por si queréis alguna referencia, yo echo una base de tomate frito (o tomate natural rallado y exprimido, para evitar el exceso de agua) con un poco de orégano (para darle el toque italiano, a mi madre le gusta echarle albahaca) y a partir de ahí añado ingredientes, lonchas de pavo o pollo, beicon, atún, cebolla, champiñones, berenjena, jamón serrano, chorizo de pamplona (buena alternativa al pepperoni)... lo que ese día haya en la nevera o el cuerpo me pida. Después de ordenar los alimentos o desordenarlos como queramos, echamos una base de queso por encima (mezcladillo de 3 quesos, trocear quesos que tengamos en casa...) y ¡al horno!

Para hornear, precalentar el horno a 220º durante 10 minutos. Lo ideal es cocinar la masa durante 10-15 minutos sólo por abajo para que se haga, dore y adquiera una textura crujiente. Si se necesita dorar la base superior, utilizar el grill unos 5-10 minutos. Todo esto al gusto y dependiendo de las opciones que posea vuestro horno. 

A base de ensayo y error también se aprende, así es cómo lo hago yo y hasta el momento funciona, total, si la comida no sale del modo deseado me la pienso comer igual, porque si se cocina con amor, al final todo está delicioso ;)

Y no me enrollo más, ¡manos a la masa! ¡Y nunca mejor dicho!

Palabra de MaCe Chef :P

sábado, 22 de febrero de 2014

"Batalla"

Llegar al campo de batalla.
Divisar el panorama.
Centrar objetivo.
Cercar al objetivo.
Confiar al objetivo
Atacar al objetivo.
Recibir contraofensiva.
Quedarte desarmado.
Huir.
Escapar.
Lejos.
Muy lejos.


Quizás,
y sólo quizás,
cuando regreses al campo de batalla,
aquel enemigo que buscabas con tanta devoción ya no esté,
quizás,
y sólo quizás,
otro como tú se lo haya cargado antes.

María Cebrián © 2014

miércoles, 22 de enero de 2014

Juego "UNepic" en WiiU

Tras meses de espera, UNepic ya ha salido a la venta para WiiU.

Os preguntaréis, ¿qué es UNepic? Pues UNepic es un juego en el que he colaborado en el doblaje. Es un juego indie creado por Francisco Téllez de Meneses. En él he puesto voz a los personajes femeninos y a los niños pequeños.

Para los que tengáis curiosidad por ver de qué va, podéis visitar la página web del juego. En la web también podéis comprar el juego, así como en Steam.

Os dejo el trailer oficial del juego para WiiU.


¡Besos!

sábado, 7 de diciembre de 2013

Ilustraciones para dos novelas

Amigos, conocidos y/o voluntarios animadores, diseñadores y/o ilustradores, os necesito.
Os explico un poco la historia y si os interesa os ponéis en contacto conmigo, ¿de acuerdo?

Tengo dos novelas terminadas y dado que no les voy a buscar salida comercial, me gustaría compartirlas de manera digital (ePub o Kindle) con colegas, amigos y/o interesados. Para ello necesito una portada decente que le dé (al menos) un aspecto profesional al "producto" literario.

Ahí es donde entráis vosotros.

La propuesta es: ¿alguno de vosotros se presta a crear una imagen de portada para una o ambas novelas? Busco además, de alguna manera, una imagen propia, un estilo característico dado que aunque no sea una trilogía (estoy escribiendo una tercera) me gustaría que tuvieran un aspecto similar.

De momento no podría invertir económicamente en el proyecto, pero ya sabéis (los que me conocéis) que os puedo devolver el favor con alguna de mis dotes (locución, especias... (xD)).

Para que os dé algo de pena la calidad de las portadas actuales (son montajes hechos por mis desastrosas manos) os las adjunto aquí debajo.


¿A que ahora entendéis por qué os pido ayuda? En fin... Para que tengáis algo más de información sobre las novelas y sus temáticas, os dejo el argumento y la categoría.

Vuela Libre Corazón: Contemporánea, romántica, chick-lit.
Cuenta las aventuras y desventuras de dos jóvenes con destinos encontrados, Carol, una periodista emigrada a Londres que busca el hombre que estabilice su desequilibrada vida, y Tony, un diseñador gráfico que lucha por recuperar la memoria que perdió en un accidente y así completar los rompecabezas que mantienen inquieta su mente. 
Sus vidas se verán transformadas al adentrarse en los oscuros mundos de su círculo de amigos. Infidelidades, mentiras y traiciones acompañadas de sexo, drogas y buena música.

Escondido en mi Alma: Contemporánea, juvenil, romántica.
Laia y Adrián, son dos jóvenes sin conexión aparente que se ven entrelazados por una dirección de correo electrónico escrita en una nota dentro del libro Olas del mar del corazón de Mardan. Una simple casualidad que marcará sus vidas para siempre.
Amor, secretos, mentiras, temores, frustraciones… una inmersión en el escondite del alma de los personajes repleto de sorpresas.
Una historia escrita a tiempo real, donde los personajes pasaran de ser ficción a convertirse en personas de carne y hueso que nos acompañaran en nuestro día a día.

La tercera novela sería Guarda tus Besos: Juvenil, romántica.
Mel y Verónica, son hermanas, se llevan dos años de diferencia y son tan dispares como la noche y el día. Se llevan como el perro y el gato y no soportan estar cerca la una de la otra. Las sorpresas que da la vida las acercará hasta tal punto que desearán haberse conocido cuando tuvieron ocasión.

La portada de esta última es horrible y un atentado al gusto estético, pero para que os vuelva a dar pena (xD)


Por supuesto no habría prisa, pero sí me gustaría trabajar con alguien comprometido con el proyecto y al o a la que le haga ilusión como a mí y mime la creación. Nunca se sabe hasta donde podría llegar esto, no soy ambiciosa, pero nunca se sabe... 

Espero noticias vuestras.

Muas.

-MaCe