jueves, 29 de enero de 2015

miércoles, 28 de enero de 2015

jueves, 22 de enero de 2015

Los ratones presumidos

Érase una vez un par de ratones de la familia Logitech a los que se les estropeó el botón central. FIN.

No sé qué maldición gitana me han echado para que en menos de dos años, en los dos casos, el botón central del ratón deje de funcionar correctamente. ¿Será por la diatriba que dice que todo aquel producto electrónico se estropea una vez que se cumple su periodo de garantía? No sé muy bien si será por eso, sólo sé que en el caso de los dos ratones Logitech que tengo ni siquiera he llegado a la fecha dictaminada por el fabricante como fecha de “caducidad”.

La verdad es que la primera vez dije: “Ea, démosles a estos de Logitech una segunda oportunidad”. Pero es que esa segunda oportunidad no ha sido ni mucho menos mejor que la anterior. Y oye, puestos a jugar con mis dineros, tengo otras maneras más interesantes de invertirlos estúpidamente, como comprando unas empanadillas de patatas y beicon estando a dieta, o adquiriendo una camiseta que nunca me pondré porque me viene muy ajustada pero pienso que algún día me quedará de lujo… claro, el día que deje de comer empanadillas y adelgace. En fin… el ciclo sin fin. Puedo dejarme otros 10€ en cualquier cosa menos en un ratón de esa marca.

Así que me pregunto si seriáis tan amables de darme alternativas 3B (bueno, bonito y barato) de marcas de ratón con conexión USB. Y ya puestos si me decís qué características deben tener para que no me maten tanto en el puto CoD os lo agradeceré. Esperad, esta última parte no hace falta que la respondáis porque realmente sé que lo que necesito es un ratón con alta velocidad de dpi y eso no soluciona que mis 3 megas de Movistar sean insuficientes para disfrutar de una partida decente, y por decente me refiero a sin que me maten antes de yo poder ver ni siquiera al enemigo y después comprobar en la cámara de muerte que el enemigo ha tenido tiempo de divisarme, tomarse un café, leerse una novela, sacar el arma, apuntarme y disparar una sola bala para dejarme fuera de juego.

De momento seguiré peleando con este par de ratones negritos que, puestos a reírnos del mal humor que me producen, dejaré criando a ver si de dos malos me sale uno bueno, sino lo siguiente será que pasen a criar malvas.

¡Copulad malditos!

martes, 20 de enero de 2015

Se pierden

Si hay algo que me ha quedado claro hoy es que las púas de las guitarras se pierden. Sí, se pierden. Se ve que son como los calcetines desparejados o las horquillas del pelo. Se extravían y nunca aparecen. Son casos sin resolver, sucesos que proponer a Iker Jiménez para su programa.
Fotakah toh reshulona de las púas de mi shurmana

Estoy tan convencida de que las púas de las guitarras se pierden porque a falta de una opinión me han dado cuatro en menos de tres segundos. De cuatro personas diferentes. Una detrás de otra como mazazos sobre mi cabeza al más puro estilo Guaca Mole. 

Por si no sabéis a qué me refiero
La cuestión es que volvía del centro de hacer unas compras junto a mi hermana cuando mi sister se ha acordado de que no tenía púas. “Pero si tenías una bolsa llena”, le digo. “Sí, pero se me han perdido”, me contesta ella. “¿Cómo se te van a perder?”, le replico. “Se pierden”, me ataja. La cosa se queda de momento ahí, sin más ni menos. 

Entramos en la tienda de música Bosco de la calle Cádiz y un dependiente, un chico joven con look rockero, nos atiende. “Mira, querría unas púas blandas para una guitarra acústica. Cuando compré la guitarra aquí me las regalasteis. No sé la dureza, sé que eran grises”, relata mi hermana con soltura. Yo observo y disfruto del sonido de una guitarra eléctrica que llega del fondo de la tienda. El dependiente intenta hablar por encima de las notas musicales y adoctrina a mi hermana sobre las diferentes durezas de las púas. Mientras el chico saca las púas de una caja de plástico con diferentes compartimentos donde las tiene ordenadas, otro dependiente y otro cliente se colocan a nuestro lado en el mostrador. Es entonces cuando yo, la experta en música, hago aparición en escena. 

—No lo entiendo, ¿cómo se van a perder las púas? En algún lugar estarán, ¿no?

Y ¡atención!, lo siguiente ocurre en tres segundos, os lo juro.

—A mí se me pierden —dice mi hermana.

—Se pierden —suelta el dependiente que nos atiende.

—Inexplicablemente se pierden —lanza el otro dependiente.

—Y tanto que se pierden —corrobora el cliente.

Intentando escapar de los mazazos que me han ido cayendo uno tras otro sobre la cabeza, agacho la mirada y confirmo:

—OK, se pierden.

A todos se nos escapa una sonrisa de los labios, a ellos por experiencias compartidas, a mí por quedar como una gilipollas y recibir mi merecido.

Por muchas más púas que se te pierdan, hermana. Que la música siga llenándote el corazón y que la música que generas siga llegando a mis oídos.

¡Viva la música!

¡Vivan las guitarras!

¡DEP por las púas perdidas!